Moto acuática (2)

Hay cornudos a los que les gusta ver como otros disfrutan de sus parejas, a otros les gusta descubrir que sus parejas son tan viciosas como en sus fantasías y otros que siempre buscan algo nuevo.

Del relato anterior…

Luego sin que ella nos vea, le añado:

- “Si te das un poco de prisa y llevas a Julia a casa, encontraras el motor todavía caliente. Seguro que te encantara encontrarlo bien trabajado y lubrificado. No le des tiempo para relajarse ni para limpiarse... ya verás que rico está”.

- “Si ella pone trabas no le hagas caso, es que no quiere que veas lo mojada que está”, añado.

- “Que cabrón eres… ¿al final te la has follado?. Me habría gustado mucho verlo. Te agradezco que me la hayas calentado para mí, me responde disfrutando al ser un buen cornudo.

MOTO ACUATICA (2)

-       “¡Ostia tío, qué pasada! ¡me puse ciego ayer con Lidia!¡fue acojonante!”, me dice Marcel fuera de si.

-       “Hice lo que me dijiste… y pase una de las mejores tardes de mi vida”.

-       “Me lleve a Lidia a casa con la excusa de cambiarme de ropa ya que la tenía. Una vez desnudo, me puse a meterle mano y a decirle que estaba muy contento y excitado”.

-       “Ella no se dejaba meter mano por abajo, supongo que para ocultar que su chochito todavía estaba caliente después de la aventurilla contigo”.

-       “Para evitarme, no dudó ni por un momento en hacerme una chupada monumental, pero cómo yo sabía la causa de esta repentina atracción, hice que se lo trabajase bien”.

-       “Primero la puse a chupar como un becerrito, mamando de la teta de la vaca, esto es sin manos”.

-       “Luego la deje que jugara un poco con la mano… y cuando ya se creía salvada, la retuve y la desnude completamente”.

-       “Ya sobre la cama no se pudo escapar de mi. Empecé a meterle mano. Ella se resistía,  pero al final se dejó acariciar lo suficiente como para simular que el calentón que todavía tenia, se lo acababa de provocar yo”.

-       “Al meterle la polla sentí como un líquido espeso y caliente se pegaba a mi polla  produciéndome una sensación acojonante. Enseguida su coñito se adaptó al mi polla que entraba y salía con una facilidad asombrosa”.

-       “Ella se dio cuenta que el polvo no era normal y empezó a mordisquearme y besarme, al tiempo que suspiraba y me gritaba lo mucho que me quería. Todo ello, debo suponer que para distraerme”.

-       “Como ya estaba muy caliente y excitado por lo que me habías dicho y lo que yo había imaginado, no me costó casi nada correrme”.

-       “Fue entonces, cuando ella se puso a mi costado para darme besos y caricias con clara intención de hacerse perdonar lo que todavía no me había confesado”.

-       “Con mucha putería le hice unas cuantas preguntas sobre ti y ella me respondió con evasivas”.

-       “Los remordimientos pudieron más y termino contándome lo ocurrido. Le pedí que lo hiciera con todo lujo de detalles como castigo a su mal proceder. A regañadientes accedió y me contó todo lo que pasó y las extrañas sensaciones que había experimentado al sentirse follar por un desconocido mientras me veía disfrutar a mí”.

-       “Lo contó con tanto lujo de detalles que se me volvió a empinar de forma rabiosa. Se me puso dura como una piedra y Lidia no dejaba de manosearla dándome mucho gusto”.

-     “Le hice repetir un par de veces la historia y cada vez me gustaba más”.

-       “¿de verdad que no te has enfadado conmigo?, me preguntaba una y otra vez mientras me colmaba de suculentas caricias.

-       “Le pedí que me prometiera que no lo haría nunca más, pero a continuación le confesé que me había puesto a cien mientras me lo contaba”.

-       “La prueba era evidente y la tenía entre sus manos”.

-       “No quiero exagerar pero creo que follamos durante más de una hora. Cuando me corrí ella ya llevaba por lo menos tres orgasmos. Tenía el chumino tan blando y jugoso como una esponja”

-       “Después nos quedamos dormidos durante un par de horas”.

-       “Fue sensacional!. Nunca habíamos disfrutado tanto los dos juntos. No te puedes imaginar lo cariñosa que estuvo conmigo durante todo el resto del día”.

-       “Ya estoy pensando en repetir. Seguro que a ella le encanta, ¿qué me dices?...anda dime que sí. Eso sí, sin que ella sepa que lo hemos preparado entre nosotros. Así tiene más morbo ¿no crees?”.

-       “No me dejas muchas alternativas “peazo cabron”, aunque tengo que hacerte una sugerencia. ¿qué te parece si….”

-       “…como te veo muy animado… ¿quieres que sea una tarde realmente especial?

-       “¿Qué te parecería ser espectador de primera fila de un nuevo polvo con tu novia?

-       “Uff, eso sería tope!, pero ella no querrá después de lo que me prometió.

-       “ Déjalo en mis manos… ¿y si te dijera que después podrás follarle ese culito tan rico que tiene? seguro que lo has pensado más de una vez, ¿a qué si?

-       “Eres un mamón, consigues que se me ponga dura nada mas con lo que me haces imaginar.

-       “Esta tarde lo vas a conseguir… ya verás que gusto… y a ella le va a encantar”

Sobre las cinco y media, cuando el calor ya no es tan intenso, se presenta la pareja por donde tengo la moto. No los oigo llegar pues estoy entretenido leyendo una novela.

Nos ponemos a charlar cada cual fingiendo la parte que le toca. Marcial está dispuesto a salir a dar un paseo en la moto acuática. Lidia y yo, igual que ayer, optamos por quedarnos en la orilla viéndole correr sobre las olas.

Marcial le dice algo al oído que la llena de turbación.

-       “Aunque no es lo que habíamos acordado, deja que te folle como ayer y luego me lo cuentas. Pasaremos una tarde de fábula cuando yo regrese. No me falles”.

Al principio ella no responde bien, pero después de un par de besitos, un apretón y un pellizco en la nalga, la sonrisa vuelve a su expresión, y queda todo preparado para que Marcel pueda partir hacia el mar.

Sabiendo lo que me espera empiezo a relamerme y a disfrutar de la vista del  cuerpo de Lidia que es una verdadera delicia.Sin esperar nada más, Marcel se va con la moto y nosotros nos vamos hacia la terraza desde dónde veremos sus evoluciones.

Al llegar a la terraza, Lidia coge sin vacilación los prismáticos y se coloca en la misma postura que ayer y empieza su particular relato de las evoluciones de su novio sobre las distantes olas.

Sin preámbulo previo me coloco a su espalda y empiezo con mis caricias sabiendo que esta vez ya no hay ninguna sorpresa. Le toco los pechos, le paso la mano por la entrepierna y la acaricio con talento.

Minutos más tarde me encuentro unido a ella, bombeando con determinación y clavándole hasta el mango todo el instrumento. Lidia empieza a jadear un tanto sorprendida por la rapidez y seguridad con la que me he puesto a follarla, y también complacida por el buen regalo que le meto cada vez.

Justo cuando sus gemidos son más obscenos e incontrolados, oímos a nuestra espalda la voz de Marcel que grita enfadado.

-       “Te dije que no lo volvieras a hacer… y mira con lo que me respondes,” dice Marcel muy alterado.

-

Lidia se ha separado de mi súbitamente y no sabe dónde esconderse, ni como taparse. Ella no entiende lo que pasa pues pensaba que su novio estaba en el mar y que además había sido él el que le había pedido que lo hiciera conmigo.

-       Como no me fiaba de ti le he dicho a otro chico que se pusiera un bañador del mismo color que el mío y os he seguido hasta aquí”, explica él “ …y mira lo que encuentro!!!”

Yo conociendo la estratagema que hemos planeado me interpongo entre los dos, asumo todas las culpas y le propongo que para hacer las paces ocupen sitio en la cama de mi dormitorio. Marcel finge resistencia al perdón pero al final accede ayudado por las caricias y mimos de la desnuda Lidia.

Se van a mi habitación. Él se tumba boca arriba y deja que Lidia haga el trabajo. Le pide que se siente sobre su pubis y cabalgue sobre él. Ella, obediente y sumisa, así lo hace mientras Marcel le toca las tetas que bambolean de un lado a otro marcando el compás.

Una vez acoplados los dos y olvidado el incidente previo me acerco hasta ponerme a su lado.Lidia se asusta por mi presencia y detiene su alegre paseo.

-       “¡Venga, vamos…no pares ahora!, le grita él con impaciencia.

Tras mirar a su pareja y a mí alternativamente, ella continúa. Sube y baja de forma mecánica, con ritmo continuado y siempre con la misma amplitud. Parece como si fuese un ejercicio gimnástico de fortalecimiento de la musculatura de muslos.

Marcel que no debe conocer nada mejor, se relame viéndola subir y bajar repetidamente. Me acerco hasta ponerme justo detrás de ella. Con la mirada le pido permiso a Marcel que ya sabe que algo va a suceder. Algo estupendo sin duda. Con claros gestos de su cara y manos, me invita a continuar.

Pongo la mano en la cadera de ella para notificarle mi presencia. Lidia se detiene un instante sorprendida del contacto de mi mano.

-       “Tu sigue… déjalo que haga lo que quiera”, le dice Marcel mientras la hace brincar por efecto de un brusco movimiento de pelvis.

-       “Haz como si estuviésemos solos”, le pide después que ella vuelve a sus movimientos de sube y baja sobre él.

En ese momento, mi mano recorre el escaso techo que separa su cintura con el extremo de su culito. Tiene unos glúteos prominentes, firmes y redondeados, que por la postura en que está colocada, definen un estupendo canal.

Hasta allí desplazo la mano y dejo que sea ella misma quien me la golpee suavemente en cada una de sus caidas.

Me encanta tocarle el culo tan prieto que tiene. A Lidia también parece que le gusta este contacto y ahora sube y baja más animada. Después de tocarle durante un rato las nalgas, me coloco detrás de ella y la cojo por la cintura dominando sus movimientos como si fuese una muñeca.

Hago que sus caderas se muevan hacia delante y hacia atrás, describiendo círculos o vibrando de forma incontrolada, sin apenas dejar que la polla de Marcel se salga un centímetro.

Esto hace que la polla de él frote y presione intensamente en el interior de su vagina con el consiguiente placer para ambos.

Una vez descubierto el secreto, Lidia pasa a interpretarlo por si misma con el agrado de su pareja que no deja de gemir y de pedir más y mas.

He cogido un bote de aceite corporal, vierto una buena cantidad en el cuenco de la mano y la aplasto sobre la raja del culo. El aceite se esparce por toda la zona, impregnando sus glúteos, chorreando hasta su vagina y bañando la parte interior de sus muslos.

La segunda vez el aceite llega hasta mojar sus pelitos y cae a chorro sobre los testículos de Marcel. Ahora cada vez que ella baja se oye “chapss… chapss” que nos sorprende y nos gusta a todos. Le paso la mano por las curvas de su culo con gran suavidad gracias al aceite.

Marcel le pide más ritmo… más fuerza en los movimientos. Lidia está encantada por lo suave y dulce que le entra la polla en su chochito y yo le pongo el dedo en la raja del culo acompañando los movimientos y apretando suave e intermitentemente sobre el ano.

Siento como ambos se van alterando cada vez más y sus gemidos se empiezan a confundir.

En una de las caídas del culo de Lidia, dejo mi dedo medio estático, haciendo presión sobre el esfínter. Ayudado por el aceite, el dedo se introduce hasta la primera falange.

Lidia grita un poco dolorida y un mucho sorprendida.

-       “¿Qué pasa cariño?”, le pregunta Marcel.

-       “Me está follando por detrás!!!”, dice Lidia abrumada.

-       “Déjalo que siga… lo está preparando para mi”.

Lidia eleva la cadera hasta sacar la polla de Marcel hasta la mitad. Ella espera inconscientemente liberarse de mi dedo en el culo, pero yo la acompaño manteniendo la falange metida en él.

Cuando tras unos instantes de indecisión se va dejando caer sobre las piernas de Marcel, mi dedo se va colando suavemente dentro.

Cuando llega a la posición más baja, Lidia toma un respiro. Noto como su esfínter se contrae y me aprieta el dedo. Luego se anima y empieza un sube y baja muy lento pero muy sentido.

Mi dedo se cuela una y otra vez en su culito siguiendo sus propios movimientos.

Noto como el calor se acumula a mi alrededor y como la polla de Marcel entra y sale en la cavidad contigua. La sensación de sentirse penetrada por ambos conductos, por novedosa y por placentera, conducen a Lidia a un orgasmo explosivo.

Salta, brinca, se relame, gime, grita, se convulsiona, se dobla…suspira, solloza. Marcel que la contempla atento se queda alucinado por esta reacción tan expresiva de gusto que la sacude.

Presa de un extraño sopor y relax, Lidia se inclina hacia delante y se recuesta sobre él, aplastando sus tetas, y babeando casi inconsciente sobre su pecho.

Marcel la abraza y la mima mientras ella termina de tener las contracciones de su orgasmo. Pasados unos minutos, me mojo otra vez los dedos, y aprovechando que tiene el culo en pompa, bien abierto y relajado, le vuelvo a meter el dedo.

Lidia responde con un suspiro y se deja penetrar. Suave y lentamente meto y saco el dedo cada vez con más facilidad. Cruzo el dedo medio sobre el índice, haciendo que parezcan uno solo, y lo encaro hacia su culito.

Repito cada uno de los pasos que hice para que aceptase mi primer dedo, pero esta vez con dos.

Lidia empieza a gemir y Marcel le susurra al oído:

-       Tengo ganas de meter mi polla en ese culito tan lindo que tienes… ya veras que rico es eso!!!

-       Si, métemela ya…lo estoy deseando, dice ella.

Acto seguido cambiamos de postura. Marcel se levanta de la cama con un empalme de campeonato. Ella se coloca a cuatro patas en el borde ofreciendo su culito para ser tomado y yo me siento espatarrado delante de ella con el pene mirando al techo.

Tras unos instantes de forcejeo, Marcel se la coloca en el culo y empieza a empujar. Los dos gritan como posesos ante las nuevas sensaciones. Lidia se inclina hacia mí y empieza a chuparme el capullo de forma compulsiva y casi como una autómata. Solo sabe que está sintiendo mucho placer y que le apetece sentirse completamente llena.

Noto como los empujones de Marcel se transmiten a través del cuerpo de su novia y llegan hasta mi por medio de su boca. El conjunto es extraordinario y los tres jadeamos al borde del placer máximo.

Como la situación tiene tanto morbo, Marcel se corre pronto pero la deja bien metida.

Mientras Lidia continúa con sus suculentas lamidas sobre mi polla olvidándose de lo que tiene detrás.

Después de meneármela y darme largas chupadas exploto y en violentas sacudidas saco varias bocanadas de leche que van a parar sobre mi vientre tembloroso.

Viendo como me corro ante la boca de Lidia, Marcel parece recobrar la fuerza en su miembro y empieza a bombear de nuevo. Le da unas palmadas sobre la nalga. Suenan muy fuerte, quizás por los restos de aceite, y le ordena:

  • “Chúpale las tetillas y el ombligo hasta que quede todo bien limpio”.

  • “No pararé de darte en el culo, hasta que él me diga que lo has limpiado todo a fondo”.

Marcel empieza a culear una y otra vez, mientras ella pasa la lengua con lujuria sobre mi piel recogiendo mi generosa corrida.

Yo alargo la mano para tocarle el chochito que está muy dilatado y mojado. Su clítoris esta hinchado como un guisante y cada vez que lo rozo, ella se estremece.

Creo que antes de terminar de limpiarme, se corren los dos y caen estrepitosamente sobre la cama.

Nos quedamos dormidos hasta la hora de cenar.

Deverano.