La lámpara mágica 2ªT (2: el loco)

¿Voy a ver los locos en el patio del manicomio? je je, sí va, a ver si alguno se vuelve aún más loco ante mi presencia.

Amanece miércoles en todo el mundo de forma más o menos normal. Pero en mi ciudad, y más exactamente en mi casa, y más exactamente en mi cama, las cosas huyen un poco de las leyes dictadas por la naturaleza. Y es que en mi cama despierta una bella mujer que ayer a la misma hora era un hombre. ¿Qué te ha pasado? me pregunta mi ángel de la guarda. Pues nada malo, resulta que ayer en el bosque salvé a un duende mágico de las fauces de un monstuoso(visto desde su posición)perro. Que era en el fondo mi juguetona mascota. Tan sólo tuve que ordenar a Rata que lo soltara y con ello salvé el pellejo del duende. Y dichoso de mi porque el duende decidió concederme un deseo. Se lo pedí muy parecido al que le había pedido hace medio año al hechizero de la lámpara mágica encontrada también por Rata. Que me convirtiera en hembra durante un periodo corto de tiempo. La vez anterior me convirtió en una chavala de 14 añitos durante 7 días. Esta vez ha cambiado un poco y le pedí ser una bella mujer de 20 años durante 15 días. Mmmm, voy a apurar al máximo estos 15 días porque quizá nunca más tengo la suerte de encontrarme con un hechizero de estos.

¿Qué voy a hacer hoy? me cuestiono. La vez anterior ya cumplí muchas de mis fantasías. Como la del cura, la del bus, etc... pero me quedan dentro de esta mente tan retorcida que tengo ideas a puñados, vamos a ver cual toca hoy. Hoy es tan sólo el segundo día por lo que tengo amplio abanico donde escoger. Mmm, la vez anterior lo hize un día con un desgraciado, un indigente que llamó a mi puerta pidiendo limosna. Esta vez me gustaría hacerlo con un ejemplar en parte similar a él, un delincuente, si pudiera ser, un violador. ¿Pero de donde lo saco? digamos que los violadores no se anuncian en el periódico. Mmm, puedo esta noche ir a darme un paseo por los suburbios de la ciudad, con suerte va a ser él que me encuentre a mi y no yo a él. ¿Pero durante todo el día de hoy qué hago? me voy a ver los locos del manicomio? je je, sí va, voy a ver si alguno se vuelve aún más loco ante mi presencia.

Me pongo un blanco vestido un poco más corto que ayer y con Rata atado en una mano me voy a pasear hasta el manicomio que curiosamente cae a pocas cuadras de mi casa. Cuando llego a él me detengo ante el enrejado que separa su patio de la calle. Se ven unos pocos locos tomando el aire en el patio. Hay uno que tiene una pinta graciosa; esta medio calvo sólo de un lado de la cabeza, tiene en la cara un par de cicatrizes que se la recorren de lado a lado, y parece empeñado en arrancar del suelo uno de los bancos que a él están pegados con tornillos, como si fuera un niño. Ja ja, me río al verle. Me decido y le llamo.

-Sombrera: ¡eh eh! rambo!

Él me gira la cabeza y cuando estoy segura de que es a mi que me mira le digo levantando el dedo.

-Sombrera: ven, ven aquí.

Me entiende y sonriente se me acerca hasta la valla desde donde contemplo. Cuando lo tengo ante mi le digo.

-Sombrera: hola guapo, ¿como te llamas?

-Loco: Jesús, Jesús Cristo.

-Sombrera: mmm, bonito nombre, yo me llamo Sombrera, ¿por qué estás aquí?

-Jesús: para entregar la fe divina recibida por mi de la mano de dios a la humanidad.

-Sombrera: ya, no eres el primero que lo dice. ¿Y qué hacéis aquí durante todo el día? jugáis todo el rato en el patio?

-Jesús: no, a veces vemos películas, y a veces vienen familiares nuestros para llevarnos de paseo.

-Sombrera: mmmm, qué interesante, ¿y donde vais cuando os llevan de paseo?

-Jesús: pues a muchos sitios. Mi tata me lleva a menudo al parque, y ahí puedo coger a los pajaritos para transmitirles la gracia de dios.

-Sombrera: que divertido, ¿y yo podría venir a buscarte un día para ir a pasear?

-Jesús: sí, sólo tendrías que decir que eres familiar mía y me dejarían salir.

-Sombrera: ¡ozú! no me lo esperava que fuese tan fácil. ¿Y puedo ahora mismo entrar por la puerta del manicomio y pedir para llevarte de paseo?

-Jesús: sí que puedes.

-Sombrera: vale pues, ¿cómo se lo pido? Les pido por Jesús Cristo o ellos te conocen por otro nombre?

-Jesús: ellos insisten en llamarme por mi nombre terrenal. Me llamán aún José Monge Cruz. Diles así y sabrán que soy yo, Jesús Cristo.

-Sombrera: vale pues, voy a dar la vuelta por delante del manicomio y si es cierto lo que dices en unos minutos estaremos paseando.

Así dicho doy la vuelta y entro por la puerta grande del hospital psiquiátrico. Nada más entrar me acerco a la mesa de la recepción donde hay una sola enfermera y le digo.

-Sombrera: discúlpeme, soy Sombrera Monge, hermana de José Monge. Me gustaría llevarlo a dar un paseo porque hace mucho tiempo que no lo veo y lo extraño.

La enfermera me dirije una mirada entre radiografía y extrañeza, porque claro, nunca me ha visto y no soy la hermana que habitualmente le viene a buscar. Pero sin duda no está dotada del celo que puede tener un agente de policía o un marido celoso, porque diciéndome que atienda unos instantes se levanta y se dirige a -espero- buscar a Jesús. Bendita sea la despreocupada enfermera porque regresa al cabo de unos minutos con Jesús cogido del brazo y vestido de calle.

-Enfermera: aquí está su hermano señorita Sombrera, cuando quiera...

-Sombrera: muchas gracias madame, hasta luego.

Ahora con mi trofeo en la mano, salimos del hospital psiquiátrico y con Jesús de una mano y Rata en la otra nos dirigimos directamente hacia mi casa.

-Jesús: ¿donde vamos?

-Sombrera: vamos a mi casa, es muy bonita y ya verás como te gusta.

-Jesús: sí, es verdad, hace mucho tiempo que no voy a tu casa. ¿Aún está tu sabia mujer Dolores?

-Sombrera: uy no, ella ya no vive conmigo.(le digo no sé si siguiéndole el juego o la locura)

Llegamos a casa sin ningún otro contratiempo, afortunadamente Jesús Cristo no ha pensado en divulgar su creencia con ninguno de los transeuntes con que nos hemos cruzado por el camino, y así, con Rata cagado y meado, entramos. Una vez dentro es cuestión de crear la atmósfera adecuada. Enciendo la radio y sintonizo una emisora de música clásica, que no da para bailar pero dará un ambiente acogedor. Jesús mira de un lado a otro diciendo banalidades.

-Jesús: esta casa ha cambiado mucho, antes era un tercer piso y ahora es planta baja, ¿que la habéis reformado?

-Sombrera: sí... hemos hecho unos pequeños cambios, pero así mejor ¿verdad?

-Jesús: sí, os ha quedado muy bien.

-Sombrera: bueno Jesulín, te vas a quedar un rato solo porque yo necesito una "ducha". ¿Te quedas aquí en el salón y no rompes nada ¿vale? estaré en media horita.

-Jesús: de acuerdo, te espero aquí.

Dice mi loquito, no sé si consciente de lo que ha dicho o totalmente inconsciente de que voy a ducharme. Entro en el lavabo y me despojo del vestido en un segundo, adrede no paso el pestillo porque la verdad es que, no es una ducha lo que necesito. Abro el grifo y cuando es tibia el agua que cae me meto en la bañera.

Voy procediendo como normalmente con la esponja y el jabón, pero ojo avizor a ver cuando se abre la puerta para hacerme la despistada. Por fin se abre lentamente esta, y yo, con la cortina de la ducha totalmente abierta, me doy la vuelta disimuladamente como quien no quiere la cosa. Oigo los silenciosos pasos de Jesús en el piso del baño que se acercan hacia mi. Estoy practicamente temblando del suspense esperando como reaccionará mi santito. Por fin reacciona y tomándome la esponja de la mano, aún conmigo girada, prosigue él mismo mi limpieza. Yo muda le dejo hacer, le dejo que me frote toda la espalda, me pasa la esponja por delante y detrás del torso, aún no lo he visto que me ha dejado limpísima, y es cuando me está limpiando en pompis que me decido a girarme. Para mi sorpresa está totalmente vestido pero bajo la ducha como yo, por lo tanto está su ropa empapada.

-Sombrera: ¡Jesús! ¿que haces vestido bajo la ducha?

-Jesús: uy, perdón, yo sólo quería ayudar...

-Sombrera: y gracias por ayudarme, pero sácate la ropa por dios.

Cuelgo el teléfono de ducha en su soporte y salimos al medio de la estancia. Con Jesús aún goteando le ayudo a sacarse las prendas de ropa. Actuando de manera práctica meto todas sus vestimentas en la secadora e inicio el programa completo.

-Sombrera: venga, ya estás desnudo, vamos a ducharnos.

Nos volvemos a situar debajo de la cascada mientras tanto yo me he fijado que su pene parece más cuerdo que él, porque tiene las reacciones normales y está enhiesto. Uno frente al otro nos volvemos a relajar y pasar la esponja. Primero se la paso yo un rato, sin retirar ni un segundo mi mirada de la suya. Cuando creo le tengo limpia la parte superior, me agacho y con la enhiesta verga ante mi, la dejo bien limpia antes de, tirar la esponja y limpiarla ahora pero con la lengua.

Sabe riquísima porque precisamente a lo que sabe es a limpio. Me regodeo un rato mamándosela sin tener que degustar ese sabor que, aún sabroso, es muy fuerte. Cuando tengo suficiente, y al no notar por parte de Jesús ninguna iniciativa, me levanto y lo beso en la boca con calidez. Tengo que ser yo misma que le ponga las manos donde tienen que ir, porque él no parece atreverse. Mientras con una mano lo masturbo, con la otra le cojo la suya y la encamino hacia mi entrepierna. En verdad sabe lo que tiene que hacer, pero es muy tímido. Finalmente, peró, consigo "romper el hielo" y es él mismo que, aún al son de mi mano, hace lo mismo con la suya.

-Sombrera: mmmm, así Jesulín, mmmm, lo haces muy bien chiquillo, mmmm.

Cuando tengo la mutua masturbación saboreada, le digo que se siente en el suelo de la bañera. Me pongo de rodillas encima de él y con la mano detrás me apunto su pene a la panocha. Cuando estoy bien segura me voy sentando lentamente, y cuando la tengo toda dentro cojo con mis manos las de Jesús. Así cogidos de las manos empiezo a botarle, primero lentamente pero cogiendo velocidad a cada salto. Jesus sabe muy bien lo que hace pues me coge los pechos con fuerza y los mueve de un lado a otro haciéndome gritar desatada.

-Sombrera: aaaah, Jesulín, mmmm, muy bien Jesulito mío, oooooh, oooooh.

Lo sigo botando un buen rato durante el cual he cerrado el grifo de la ducha, para oir tan sólo nuestros botes por encima de ninguna cascada.

-chap- -chap- -chap- -chap- -chap- -chap-

Los músculos de mis piernas comenzaban a pedir clemencia cuando noto en mi interior que Jesús se está viniendo.

-Sombrera: ooh, Jesús, muy bien, lo haces muy bien, así, sigueeee.

Le digo guasona mientras no paro de botarle para sentir bien dentro de mi los chorros de leche que me está soltando. Al cabo de un minuto de mutuo orgasmo, me acabo deteniendo. Me levanto y vuelvo a abrir el grifo de la ducha para limpiarme y limpiarle de nuevo. Cuando lo tengo listo lo visto y lo devuelvo al manicomio. Allí después de hacer las escenas típicas de "te volveré a buscar pronto" y tal, me despido castamente de él y las enfermeras y vuelvo a casa para hechar una reparadora siesta, pues aún no son ni las 5 y esta noche tengo marcha.