Fármaco milagroso i - abusando de mi mujer

El protagonisca experimenta en cuerpo propio un fármaco que hace perder el estado de conciencia , y después experimenta con su mujer.

Hace unos meses atrás,  me toco  realizar un viaje de negocios a la capital  y aprovechando que estaría  fuera de mi ciudad, sin el control de mi mujer, pensé en pegarme una canita al aire y dar un pequeño descanso a mi monótono matrimonio, algo sin importancia,  solo para demostrarme que aun sigo activo para el sexo opuesto, sin ningún compromiso.

Fue así como cerca de   las 10 de la noche, salí de mi hotel y en el centro de la ciudad recorrí por algunos bares del sector, sin tener mucha suerte.  Estaba cansado, y como al otro día debía levantarme temprano, estaba a punto de marcharme, cuando una mujer, bastante interesante por lo demás, no me sacaba la mirada. Estaba sentada junto a una amiga que me daba la espalda.  Mantuve la mirada con esta mujer usando mis perdidos encantos masculinos,  y luego de un rato, algo le dice a su amiga y sonriendo me hace una señal para que me acerque a la mesa.  Me acerque muy confiado de mi mismo, todo un galán. Me invitó a tomar asiento, les invite un trago y comenzamos a entablar una grata conversación, pasando una grata velada, incluso una de ellas estaba obsesionada por que nos fuéramos a otra parte. Hasta ahí estaba todo muy bien, lo estaba pasando genial,  incluso demasiado bien,  con unos sugerentes toques de la mano de ella sobre mi pierna,  y la mirada de su amiga, llegando a pensar incluso  de cumplir esa noche una de mis fantasías que era la de estar con dos mujeres.

Sin embargo  la velada tuvo un giro inesperado. Cerca de las 7 de la mañana,  un policía me zamarreaba y  me trataba de  despertar de un profundo  sueño. Me encontraba en un parque, tendido en el pasto, completamente mareado, la cabeza me daba vueltas, sin saber que había pasado, sin mi billetera, tarjetas de crédito, ni mi celular. No me acordaba de haber bebido tanto, ni siquiera recuerdo haber salido del local con las chicas. Lo último que recuerdo fue estar bebiendo con las chicas y de ahí, nada, una nube en mi memoria. Me llevaron hasta la comisaría a estampar la denuncia  por robo y asalto, y ahí me explicaron que era una nueva táctica de robo, que supuestamente a mi trago en algún momento de la noche le habían colocado una sustancia psicotrópica , o algo así,lo cual trae como consecuencia cambios temporales en la percepción, y estado de conciencia. Me decían que ya había varios casos como el mío y que la descripción de las mujeres coincidía con los casos anteriores, que incluso en algunos casos, habían conseguido que el individuo revelara su clave del banco.

Mi salida había sido un completo desastre. Regrese a mi hotel , tuve que conseguirme con mi jefe que se me enviara dinero para volver, inventándole a él y a mi mujer un asalto a las afueras de hotel, que al parecer fue bastante convincente. La supuesta aventura me salió muy cara, tuve que bloquear mis tarjetas, mi celular  y lo único que quería era volver a la tranquilidad de mi hogar y mi querida ciudad.

Pasó el tiempo y por más que trataba de recordar lo que había pasado con las tipas esa noche, no había caso, mi mente estaba completamente en blanco desde que estábamos en el bar, hasta que me despertó el carabinero e incluso ahí, estaba completamente ido, hasta mi nombre me costó recordarlo cuando este me lo preguntó. Era completamente fascinante el efecto de esa sustancia, que había vivido y experimentado en carne propia, a un alto costo eso si, pero de alguna manera, en mi morbosa mente, comenzó a imaginar cómo un producto así, podría ser utilizado para mi propio beneficio.

No voy a contar las peripecias que tuve que hacer para conseguirlo, pero fueron muchas, hasta que casi un mes después, en el mercado negro, también a un alto costo, al fin conseguí obtener la maravillosa droga.  Ahora solo necesitaba el momento y la persona ideal para hacer mi experimento.

Por un tema de seguridad, obviamente mi mujer fue la elegida para llevar a cabo mi  morbosa investigación. Estábamos una noche como cualquier otra, le dije que estaba con ganas de tomarme un trago, como regularmente lo hacia. Le ofrecí uno a ella, en un principio me dijo que no, sin embargo luego accedió y mientras lo preparaba, disolví en este, el fármaco, bebiéndolo sin encontrar ninguna diferencia en el sabor. Ya era tarde, estábamos por irnos a acostar. Nos bebimos el trago y luego entró al baño a lavarse los dientes para luego colocarse su camisa de dormir.  Ya cuando lo hacía, la noté un poco extraña, demorándose un poco en contestarme lo que le preguntaba.

Se acostó a mi lado, estábamos viendo televisión, fijándome su mirada algo perdida, pero respondiéndome cuando algo le preguntaba. Ya a los 20 minutos el fármaco había hecho efecto, mi mujer estaba completamente ida, con la mirada perdida hacia el techo.  Le dije “negrita, ando con ganas, hagamos el amor esta noche”  y solo me dijo que sí.  Comencé a besarla, contestándome ella los besos con pocas ganas, fui chupándole las tetas, le comí el coño y ella ni se inmutaba, estaba como aletargada.   Me coloque a su lado y le coloque la verga en la boca, obligándola a chupármela por un buen rato sin oponer ninguna resistencia. Esa noche hice de todo con ella, me la follé por todos lados.

Siempre le pedía el culo y nunca me lo pasaba, salvo un par de veces aceptó por complacerme, pero no le gustó,  pero esa noche cuando le dije que me la follaría por el culo, no tuvo problema en entregármelo, la coloqué en cuatro patas sobre la cama, se lo chupé bien chupado, le unté un poco de crema, y al rato, ese culito prohibido, era deliciosamente mío, dándole sin piedad aprovechándolo como nunca. Me la folle en todas las posiciones que se me ocurrieron no encontrando ninguna objeción de su parte, obedeciendo a todas mis peticiones, como hipnotizada.  Por lo general nuestros encuentros duraban 20 minutos, pero esa follada fue espectacular, casi una hora y media,  haciéndole todo lo que quise, hasta que cuando la tenía en cuatro sobre la cama, la di vuelta y le hice chuparme la verga acabando deliciosamente en su boca. Ella nunca me había dejado hacerlo, pero ahí estaba ella en 4 patas, con mi verga en su boca, escurriéndole los mocos por la  cara, y aun así, me la seguía chupando.

La lleve al baño, le hice lavarse los dientes y mientras ella lo hacía, le lavé el culo con una toalla mojada. Nos acostamos y me quede pensando en lo caliente que había sido el encuentro, como hace años no lo hacíamos así, contento, pero a la vez nervioso esperando su reacción al otro día.

Desperté, ya era tarde, mi mujer aun dormía. Prendí la televisión, vi una película y cada tanto la besaba y la movía despertándola, pero nada , estaba como un zombi. La deje dormir mas rato y cerca de las 1 de la tarde se despertó y fue al baño.  Me hizo el comentario que estaba algo mareada y que le dolía el cuerpo, que había pasado pésima noche.  Yo le hice el comentario que la noté incómoda en la noche, que incluso le había hablado, la había movido y que ahí se había quedado tranquila, que había pensando que seguramente estaba teniendo una pesadilla. Me dijo que no recordaba el sueño, pero que tiene que haber sido una pesadilla, estaba muy cansada, que le dolía el cuerpo, que al parecer había dormido tensa, pero que le dolía hasta el culo.

El experimento había sido todo un éxito, al igual que yo, mi mujer no recordaba absolutamente nada de lo que habíamos hecho la noche anterior. Como había sido ultrajada y había sido víctima de mis más perversos abusos. A pesar de haber estado delicioso el encuentro, no volvería a  gastar una nueva dosis con ella, ya que mi objetivo estaba centrado en otra mujer   … mi suegra.