EMMANUELLE (Parte 1)

Tengo la necesidad de hacer conocedor, a todos los lectores, los echos acontecidos en mi pubertad. Hasta hoy ocultos dentro de mi, sintiéndome avergonzada de lo ocurrido con mi tío José. Espero que os guste.

“En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. ¡La paz esté con ustedes!

Esta Misa la celebramos por el Alma del difunto, José, miembro de nuestra comunidad, a quien, de todo corazón, expresó mi compasión humana y cristiana, como también a todos los miembros de su familia. ”

A diferencia del párroco que daba la misa y de muchos de los familiares de mi tío José,  yo no sentía esa compasión. Su muerte era un descanso para mi, ya que se llevaba recuerdos, recuerdos de mi juventud, que espero que no haya contado a nadie.

Soy Emmanuelle, Emmy para los amigos, tengo 48 años y estoy recién divorciada de mi marido, que me dejó hace un par de meses. Nuestro matrimonio nunca ha ido bien y si hemos durado tanto ha sido por nuestras hijas, en cuando la menor cumplió los 18 años nos pusimos en contacto con un abogado y empezamos el proceso de divorcio. Mi marido, tampoco sabe lo sucedido hace años atrás con mi tío José, no sé el motivo por el cual no se lo conté. Quizás este secreto fue el causante de nuestro divorcio.

Mi marido siempre quiso saber el motivo del por qué evitaba visitar a mi familia, que vivía en un pueblo de la costa levantina. Siempre ponía largas a la pregunta, y él siempre quería saber más y en su boca salía siempre la misma pregunta “¿y por qué no vamos?”. La verdad es que no podía soportar ver a mis padres comiendo y bebiendo con mi tío. Además mi tío es quien se encargaba de buscar apartamento para que nosotros pasásemos nuestras vacaciones de Agosto.

Cuando mis padres volvían a París, siempre nos decían “Recuerdos de la familia” además de indicarnos que todos tenían ganas de vernos y conocer a nuestras hijas, que no conocían. Sobre todo, mi tío, José siempre preguntaba por mi “¿Cómo esta Emmy? ¿De qué es su vida? ¿Porque no viene? ¿Tengo ganas de verla?”. Algunas veces mis hijas querían ir de vacaciones con mis padres, para ver la playa y la arena, nunca la han visto, pero no les dejaba. Mi conducta era puro instinto, quería evitar bajar y no permitiría que mis hijas bajaran con mis padres mientras José estuviera vivo. Este tema y mi negativa de veranear en el pueblo ha sido siempre tema de discusión con mi marido.

Mis Padres cuando se jubilaron compraron un piso en el pueblo para ver si así conseguían que viniera al pueblo. Pero aun así evitaba las vacaciones, a diferencia de mi hermano, que se pasaba todo el mes de Agosto.

Hoy es el entierro de mi tío, es la primera vez que vengo al pueblo desde hace años, veo a su mujer e hijos llorar por su muerte, e incluso a mis padres. Yo lloro también, pero no porque haya fallecido, si no por pena de ver a mi familia llorar, quizás sea la única que sepa cómo era él verdaderamente.

Hoy no puedo dormir, después de tanto tiempo, el recuerdo de lo que sucedió se hacen presentes, un recuerdo que durante todos estos años me ha torturado, recuerdo que es la causa de que evitara venir al pueblo. Recuerdo que me hace llorar. Un recuerdo de los que no se pueden olvidar y que el inconsciente guarda con detalle.

Hoy, por primera vez, me arrepiento. Me gustaría poder viajar en el tiempo, volver a aquel verano, volver a repetir las situaciones y poder disfrutar de aquellos momentos con mi tío y ho haberme comportado como lo hice, como una niña.

No sé el motivo del porqué, ahora, después de tantos años, pienso de esta forma, quizás sea mi situación actual de divorciada, la abstinencia sexual ya que no tengo ningún hombre que me haga disfrutar del sexo. No sé por qué me he sentado ante el ordenador a las 01:00 de la madrugada, mientras todos duermen. Creo que a mi tío, le hubiera gustado que yo contara e hiciera conocer a todos, hacer sabedores a todos los lectores, lo que sucedió aquel verano, puede ser que sea el motivo del por qué hoy aquellas vivencias me vienen a la mente y se hacen tan reales.

Antes de contar lo sucedido, primero he de poneros en situación.

Mi abuela enviudó quedándose ella sola con cuatro hijos. La pobre mujer tuvo que tomar decisiones difíciles, para cualquier madre que aparecía a sus hijos, la situación en la que estaba no podía permitir el cuidar de los cuatro. Decidió que cada uno de sus hijos se fuera con un familiar o amigo para que pudieran cuidar de ellos. De esta forma es como mi madre se fue con la hermana de mi abuela a Paris, junto con su hijo José, mi tío.

Pasaron los años, mi madre creció y conocido a quien sería mi padre, Juan, que era amigo de José. Para poder casarse mi padre insistió en tener la bendición de mí abuela, así que volvieron al pueblo, con ellos mi tío José. Mis padres, se alojaron en casa de mi abuela durante un tiempo.

Tiempo suficiente para que mi padre, que era mecánico industrial, consiguiera trabajo en la capital, trabajo conseguido gracias a José. Con el trabajo de mi padre consiguieron comprar un pequeño piso. Se casaron y al poco tiempo me tuvieron a mí, José fue mi padrino para el bautizo.

A los dos años de nacer, mi padre, que siempre ha sido un poco ambicioso, encontró trabajo en París, así que nos trasladamos. El nuevo trabajo de mi padre requería una dedicación completa, apenas tenías vacaciones, apenas lo veíamos, solo los domingos. Así que nos desvinculamos un poco de la Familia, Solo mi tío José, junto su familia, subía a París y nos traía noticias de la familia. Estuvimos muchos años sin bajar al pueblo y visitar a mi abuela y tíos. Durante estos años nació mi hermano, seis años menor que yo, y vendieron el piso que tenían en el pueblo.

El fallecimiento de mi abuela, apenas tengo recuerdos de ella, fue cuando mi madre y mi padre se dieron cuenta que eran unos esclavos en el trabajo, y que vivían para trabajar en vez de trabajar para vivir. Es entonces cuando decidieron que durante las vacaciones de verano, que hasta ahora se las pasaban haciendo horas extra, bajarían al pueblo para visitar a la familia y amigos, ya pocos. Para aquel entonces yo tenía 13 años y mi hermano 7.

No teníamos ni idea de español, así que no hablábamos demasiado, solo entre mi hermano y yo. La otra persona que conocía francés era mi tío José, debido a los años que vivió en París junto a mi madre. Mi tío era una persona simpática, agradable y siempre risueña, trabajaba como consultor bancario y además era concejal de deportes del pueblo. En las comidas muchas veces hacía de interlocutor entre nosotros y mis primos. Recuerdo que todos mis primos querían jugar con él, incluso mi hermano y yo. La verdad es que nos lo pasábamos bien en el pueblo.

Durante los próximos dos años esperaba con ansiedad que fueran vacaciones, para ir al pueblo, y disfrutar de la playa, del sol, jugar con mis primos, no sabéis lo orgullosa que estaba cuando llegaba a París y enseñaba las fotos de mis vacaciones, era la envidia de mis amigas, ya que muchas no habían visto el mar. Durante estos años, en el colegio, escogí como extraescolar aprender Español.

Durante estos dos veranos mi hermano y yo bajamos al pueblo en el mes de Junio, cuando finalizamos los estudios, y nos alojábamos en casa de mi tío José. Mis padres bajaban en Agosto, y nos trasladábamos a algún piso que mi tío había buscado para que pudiéramos pasar el mes de agosto. Finalizado el mes volvíamos juntos a París.

Pero todo cambió en el tercer verano, el año que cumplí los 16. Antes de bajar mi tío habló con mis padres por teléfono indicando que este año no podrían hacerse cargo de nosotros durante el mes de Junio y Julio. Ya que su mujer trabajaba y no tenían a nadie con quien pudiera quedarse nosotros. Le dije a mi madre que ya era mayor y que podía quedarme en su casa, de hecho tenia edad para trabajar y podía realizar las tareas de la casa como pago a mi estancia, limpiar la casa, hacer la compra incluso hacer la comida para que la tengan lista cuando llegaran del trabajo, les indique que no se arrepentirán.

No estaba del todo equivocada, en los años 80, las personas mayores de 16 podían trabajar sin haber finalizado la educación primaria (alguien, equivocadamente sugerían que no servían para estudiar). Aunque para poder votar deberías tener mayor de 18 años.

Mis tíos aceptaron mi propuesta, bajaría con la condición de trabajar en casa, mi hermano, pobre, también quería bajar, pero no podía ser, así que el viaje lo realizaría sola.

La primera quincena del mes de Junio, la tenía organizada de la siguiente forma, por las mañanas hacia las tareas de casa y la comida; Las tardes las dedicaba para hacer mis cosas, pasear, tomar el sol o darme un baño.

Durante la segunda quincena mi tío me había conseguido un trabajo, como auxiliar administrativa bien remunerada de forma económica, en el Banco donde él trabajaba. Realmente lo que necesitaban era alguien que pudiera mecanografiar informes y nuevos contratos. El trabajo duraría hasta finales de Agosto, cuando volviera con mis padres a París.

El único problema es que no me defendía muy bien con el español escrito y eso me llevo unas cuantas regañinas por parte de mi tío y del director. “Emmanuelle, tienes que fijarte más en la ortografía, no podemos permitirnos entregar los documentos con faltas de ortografía y frases que no tienen sentido. Por favor vuelve a escribir el documento.”

Mi tía me llevó de compras, ya que no tenía la ropa adecuada para ir a trabajar, solo unos vaqueros cortos y algún jersey. En el Banco estaba a la vista y precisaba tuviera buena presencia, como decía el director del banco tenía que vestir más refinada. Así que el primer sábado, tras haber empezado a trabajar, nos paseamos, junto con primo, que era unos años mayor, por las diferentes tiendas del pueblo. La idea era comprar algo elegante, moderno y fresco, adecuado para la época del año en la que estábamos.

Me probé varios trajes, mi primo, es quien decidió que me comprara un traje de una sola pieza de color gris, con cremallera en la espalda y no muy largo, enseñando piernas. La verdad, sea dicha, dicho traje resaltaba toda mis curvas, además de aparentar tener 23 años en vez de los 16 que tenía.

Mientras me probaba en el probador, mi primo y mi tía hablaban entre ellos, sabía que hablaban de mí solo pude captar algunas cosillas y de lo bien que me sentaba la ropa que me probaba. Mi tía no paraba de decir que estaba muy guapa, cosa que mi primo afirmaba. El otro traje que me compre era de dos piezas y de color negro, mini falda y chaqueta, junto una blusa blanca.

A los dos trajes se sumó unos zapatos de tacón y unas medias de ejecutiva. Mi tía me dijo que lo pagaba ella, pero que se lo cobraría con el primer sueldo.

Al volver a casa, insistieron, que me probara los trajes y que hiciera un pase de modelos para que me viera mi tío vestido con ellos. Desde que me vio vestida y pintada se volvió algo protector. Según él muchos jóvenes y no tan jóvenes me miraban con ojos obscenos. Así que no dejo que me marchara de casa al trabajo, o del trabajo a casa sola, él me llevaba con el coche, a pesar de que su horario era diferente del mío.

Los días transcurrían, mi español, la verdad, no mejoraba mucho, mi tío me seguía regañando una y otra vez “Emmy, por favor, presta atención a lo que escribes, ya te he defendido más de una vez hacia el director, ya que en vez de ayudarnos nos estás retrasando. Sé que es algo temporal pero debes esforzarte un poco más.”.

Llego el mes de Agosto, y con él mis padres y mi hermano, me traslade al apartamento que había buscado mi tío, a pesar de las insistencias de que me quedara en su casa. Pero la verdad, cada vez me sentía más incómoda ante la presencia de mi primo, notaba como me desnudaba con su mirada. He incluso, creo, me espiaba cuando me duchaba o cuando estaba en mi habitación cambiándome de ropa. Por las tardes, cuando iba a la playa, él quería que me hiciera pasar por su novia, para poder lucir ante sus amigos. Así que insistí en irme con mis padres. Le dije a mi tío que no hacía falta que pasara por mí para ir al trabajo, que ya iba y venía yo sola, pasear no me haría daño.

A escondidas, escuche, la conversación que mantuvieron mis padres con José, mi situación en el trabajo no era la mejor. Así que creo que tome la mejor decisión, me presente ante ellos y suplique, a mi tío, que me diera clases de español. Aceptó.

La primera quincena del mes de agosto transcurrió con normalidad, por las mañanas trabajaba en el Banco. Comía en casa, me cambiaba, poniéndome un bikini o triquini y por encima ropa cómoda, pantalones vaqueros cortos y un jersey corto, alguna vez excesivamente corto. Daba un paseo a casa mi tío, para recibir las clases de español. Finalizadas las clases, un nuevo paseo de vuelta al apartamento, a pesar de las insistencias de mi tío de llevarme en coche.

El paseo, entre la casa de mi tío y el apartamento, lo realizaba por el paseo marítimo del pueblo o por la orilla de la mar. Sabía que los jóvenes me miraban, de hecho, a veces caminaba moviendo mis caderas para provocar a dichos jóvenes. En ocasiones me quitaba la blusa y los pantalones cortos, y me daba un chapuzón, tras el tranquilizante y refrescante baño,  continuaba el camino de vuelta solo con el bikino o el triquini, según día.

Lectoras decidme, la verdad, ¿a quién no le gusta que al pasar bajo una obra le digan piropos? a mí me encantaba y continua agradándome.

Me gustaba, que al pasar, se fijen en mí y me digan frases como: “Guapa!! ¡Dime cómo te llamas y te pido para reyes!”, “¡Hay que curvas! ¡Y yo sin frenos!”, “¡Eso es carne, y no lo que echa mi madre en el cocido!”. Al oír estas frases, me giro y les regalo una sonrisa, provocando más frases un poco más obscenas “Niña! Con ese cuerpo yo te hacía un traje de Saliva.”, “¡Te miré por guapa, me conquistaste por morena, me enamoraste por graciosa y te quiero por tía buena!”.

Aquel verano, crecí, pasé de ser una niña a una joven mujer. Mi tío se dio cuenta del cambio, de mi crecimiento, mi evolución; de cómo empezaba romperse el capullo que era para convertirme en una preciosa mariposa.

En la segunda quincena de Agosto, mi tía empezó a trabajar, cuando llegaba a cas mis tíos para las clases de español solo estábamos mi tío José y yo. Según mi tío la mejor forma de practicar la escritura era mediante dictados, él dictaba y yo escribía.

Este día, aún lo recuerdo, era lunes 19 de agosto. Tras finalizar el dictado y corregirlo, insistió en que me quedará para hacerle compañía. Se interesó por mi vida y empezó a hacer preguntas que respondí con gusto “¿Qué quieres ser de mayor?”, “¿Te gusta el trabajo del Banco?”, “¿Sales de fiesta los fines de semana por París?”.

Él empezó a relatar su historia, subió con su familia a París al mismo tiempo que mi madre, trabajó y estudió. Conoció a mi padre en uno de los trabajos. Resaltó que fue él quien los presentó. Dijo que por circunstancias, que no quiso contarme, su familia volvió al pueblo. Durante su historia, me dijo que le recordaba a una persona que conoció en París, me interese en saber quién era, pero evitó la pregunta, no quiso hablar del tema.

El día siguiente fue exactamente igual, tras el dictado y la corrección, conversamos, pero esta vez, notaba a mi tío un poco diferente. Las preguntas que hizo eran más personales, me incomode un poco. “¿Tienes novio?”, “¿Te gusta algún chico?”, “¿Has besado a alguien alguna vez?” a todas esas preguntas mi respuesta fue breve y la misma “No”, “No” y “No”. Mentí en las dos últimas.

Las Siguientes tandas de preguntas fueron más indecentes. “¿Has fantaseado alguna vez con chicos?”, “¿Has visto alguna película erótica?”, “¿Has visto algún chico desnudo?”. Estaba nerviosa, no respondí, solo me quede sentada ante el escritorio, mirando al papel que contenía el dictado y con el bolígrafo en la mano. “¡¡Mírame, cuando te hablo!!” Levante la cara le mire.

“Responde... ¿Has visto alguna película porno?” baje nuevamente la mirada,  “No” respondí, realmente no mentí, los reproductores VHS hacía poco que habían salido y en mi casa no teníamos ninguno, sin embargo no puedo negar que si había visto, junto a mis amigas, algunas revistas donde aparezcan chicos y chicas desnudas o teniendo sexo.

Mi tío insistió “¡Mírame a los ojos! ¡No bajes la mirada!... quiero que lo digas mirándome a la cara... ¿¡Has visto alguna película de sexo!?”, me cogió de la barbilla para que le mirara la cara tras hacer la pregunta “¡Responde!”.

“¡No!, ¡No, he visto ninguna película porno!” dije con lágrimas en los ojos, me sentía ofendida, me levanté para salir de casa. Para mi sorpresa la puerta estaba cerrada con llave y no pude salir.

“Emmy, Emmy... mi querida Emmy... no tienes por qué avergonzarte… lo siento, siento haberte presionado... ”, Decía mientras me rodeaba con sus brazos, “No temas, pondremos solución a tu problema”. Esta última frase me devolvió a la realidad, a mi situación, estaba caminando junto a mi tío por el pasillo hacia el salón. Me sentó en el sofá. Cogió una cinta VHS lo introdujo en el reproductor y le dio al play. Seguidamente se sentó a mi lado, me miró y me dijo “No llores más pequeña, ya no eres una niña, y tienes que saber las cosas que hasta ahora nadie te ha contado.”.

En la televisión salieron las primeras imágenes de la película Bilbao del director Bigas Luna, para información adicional indicar que actualmente, la película Bilbao, está calificada como la mejor película española de sexo más importante del período pluralismo Español.

Mi tío sentado a mi lado derecho, acariciaba mi pierna desnuda con su mano izquierda, y con su mano derecha se tocaba el abultado paquete que se veía en su pantalón. Estaba tensa, nerviosa, temblaba, nunca había visto a mi tío actuar de esta forma, no es el mismo José que conocía. Estaba intranquila, buscando una salida, sus caricias me causaban grima, no quería imaginarme lo que podía suceder después. Buscaba una salida que no era capaz de encontrar.

La película avanzaba, las escenas de sexo iban sucediendo una detrás de otra. Me cogió de la mano, me libere, me la cogió con más fuerza, se la colocó sobre su paquete, cerré el puño, no quería tocar, me daba asco, empezó a mover mi mano sobre su abultado paquete, me dirigí a él “Por Favor, déjame ir...” le suplique entre lágrimas, “... No llores Emmy… ¿Por qué quieres irte?... ¿No te lo estás pasando bien?” pregunto, “...Por favor, déjame ir...” insistí. Para mi suerte el telefonillo sonó.

José se levantó, contestó, era mi tía que había ido de compras tras finalizar su trabajo y necesitaba ayuda para subir la compra. Vino al salón y me dijo “Sube tu tía, quita la película y espérame en la habitación.” obedecí a todo excepto a lo último, aprovechando la situación salí de casa, me crucé con mis tíos que subían la compra. Salude a mi tía, no le dije nada a mi tío. Él, sin embargo, sí me dijo una cosa “Emmy, Cariño, mañana a la misma hora, y practicaremos lo aprendido hoy.”

No se la causa, ni la razón, del porqué, al llegar al apartamento, no les dije nada de lo sucedido a mis padres.

Al día siguiente, mentí a mis padres, les dije que iba al trabajo pero no fue así, estuve toda la mañana paseándome por el casco antiguo del pueblo donde me compre un walkman, subí el castillo, visité la cueva de un tal pirata Dragut. Disfrute de la mañana soleada, inmersa en mis pensamientos, necesitaba olvidar. Se hizo hora de volver a casa. Al entrar mis padres, como siempre, me preguntaron por el trabajo, yo les respondí que bien, que hoy estaba especialmente agotada y que no deseaba ir a casa mi tío para las clases de Español. Me dijeron que llamara a mi tío para decírselo.

Llamé con la esperanza de que se pusiera mi tía, no deseaba hablar con mi tío. No fue así, al oír la voz de José colgué rápidamente. Mis padres preguntaron qué me pasaba, y les dije, no contestan. Esa tarde me quedé en casa, en mi habitación escuchando música de los Beatles en el walkman que me compre por la mañana.

Mi tío vino al apartamento, mis padres lo saludaron y le invitaron a entrar. Preguntó por mí indicando que estaba preocupado por si me pasaba algo ya que no había ido a su casa. Mis padres le indicaron que hoy había venido del trabajo agotada y que me encontraba en mi habitación tumbada en la cama.

Entraron, me sobresalte, para mi sorpresa mi tío estaba contando a mis padres que había mucho trabajo que hacer en la oficina y que Emmy estaba ayudando mucho, resaltaba además que empezaban a notarse el resultado las clases, de español, en el trabajo que hacía. Resalto que era normal que estuviera agotada ya que había cogido agilidad con la máquina de escribir y cada vez me pasaban más documentos. “… Yo confió en ella…”, decía, “… y el director del banco también… quizás le exigimos más de lo que puede y por eso puede terminar agobiada, cansada y con ganas de descansar…a mí a veces me pasa lo mismo”, Les dijo a mis padres.

Continuo hablando con ellos ante mi presencia, les hizo saber que se había asustado al ver que no llegaba a su casa, temía que me hubiera pasado algo, y que había decidido, antes de llamar por teléfono, para no preocupar, salir a buscarme. Había hecho el camino hacía el apartamento a pie, por si me encontraba, y como había llegado decidió subir para preguntar.

Mis padres se disculparon por no haberle llamado, indicaron que Emmy aún era una niña irresponsable y que no se había preocupado en avisar que no iría. Así que mis padres, decidieron que recibiera la clase de hoy en casa, les daba igual que estuviera cansada o no, de esta forma me enseñaría a avisar antes, cerraron la puerta dejándonos a mí y a mi tío solos en la habitación.

“Emmy, Emmy, Emmy… te has portado muy mal hoy… No has ido al trabajo… No vienes a mi casa… y encima mientes a tus padres… ¿Qué hacemos contigo?”, decía mi tío mientras se acercaba y se sentaba sobre mi cama al lado mío. De mi boca solo salieron las siguientes palabras “Por favor, vete… no quiero que estés aquí”. “¿Por qué no?, Emmy… ¿Tienes algún problema conmigo?... No verdad”, dijo mi tío mientras posaba una mano sobre mi pierna. “¡No me toques!”, grité en voz baja para que mis padres no me oyeran, mientras apartaba su mano. Me levante de la cama y me dirigía hacia la puerta.

El me cogió de la cintura, y me tiró nuevamente en la cama, me levanté rápidamente y le amenace en voz baja “Si me haces algo Gritó… ¡Vete ya!... esta no es tu casa y mis padres están aquí… si...” No me dejo terminar la frase me beso en los labios, yo rechace el beso dándole un mordisco en sus labios, nos separamos, se puso las manos en la boca, un hilo de sangre salía de sus labios.

Me dirigí a él “Lo siento… lo siento, no quería hacerte daño…”, me disculpaba, su reacción fue rápida y contundente me abofeteó tirándome nuevamente en la cama. Él se puso enseguida encima de mí, puso su cuerpo sobre mis caderas, sus manos como esposas atraparon mis muñecas, intentaba deshacerme de la prisión que se había convertido mi tío. Él intentó nuevamente besarme, yo giraba la cabeza de un lado hacía otro, no quería que me besara, Sus labios se toparon con mis mejillas que quedaban manchadas de sangre, sangre que surgía de sus labios.

No gritaba, ¿Porque? no lo sé, solo deseaba que se quitara encima mía.

Tenía los labios sellados, mi tío, no sé cómo, consiguió poner mis brazos sobre mi espada, de tal forma que con una mano suya, mi peso y su peso, no dejaban que me moviera, con la otra mano me cogió de la barbilla evitando que girara la cabeza consiguiendo así que nuestros labios se juntaran. Como he indicado anteriormente, mis labios estaban sellados, pero no por mucho tiempo. José consiguió lo que quería, su lengua entró dentro de mi boca, me besó muy apasionadamente yo recibí el beso.

Nuevamente me surge la misma pregunta, ¿Porque no mordí la lengua de mi tío?, otra vez la misma respuesta, no lo sé.

Me deje llevar por el beso, un beso que sabía a sangre, ciertamente era un beso desagradable, pero me deje hacer. Retiró la mano que sujetaba mi barbilla, para acariciar mis mejillas, bajando hasta posarse sobre mis pechos, que empezó a manosear por encima del jersey. Me deje hacer.

El beso dejó de ser tan apasionado, aproveche la situación para girar la cabeza y dejar que me besara. Él aprovechó para acariciar con sus labios mi cuello, los paseaba de arriba a abajo, me daba pequeños mordiscos en el lóbulo de la oreja. Por mis mejillas caían lágrimas, lágrimas de impotencia de ver que no podía hacer nada.

Tenéis razón, podía haber gritado, pero como antes no sé porque no lo hice. Me deje hacer.

Su mano, se puso en contacto con mi piel, para subir mi camisa, dejando al descubierto mi abdomen, seguidamente subió el bikini que llevaba hoy, liberando mis pechos, me ruborice, provocando que mis pezones se endurecieran. Esta vez sí que intente quitarme de encima a mi tío, pero no pude, le mire con ojos suplicantes de que me dejara. No lo hizo. Empezó a manosear mis pechos, primero con una mano, después liberó su otra mano aflojando mi sujeción para manosear mis dos pechos mientras me susurraba en voz baja “Emmanuelle eres preciosa... siempre lo has sido...”

No sé de donde saqué las fuerzas, creo que fue un descuido de mi tío, que bajó la guardia debido a su excitación y su ansiedad de utilizar sus dos manos, con un movimiento de cadera conseguí tumbar a José. Me levanté lo más rápido posible. Corrí hacía la puerta mientras me puse el bikini y el jersey en su sitio. Salí al pasillo y me encerré en el baño dando un portazo. Estaba llorando.

Desde el baño oí como mi tío les decía a mis padres “Hoy, Emmy se ha portado muy bien, y como está cansada dejare que descanse, dejaremos la clases para mañana.”. Mis padres le preguntaron por el corte en el labio, mi tío supo cómo poner una excusa creíble y convincente que mis padres se lo creyeron. Se despidieron, pero antes de cerrar la puerta oí decir a mi tío que si no pasa nada, mañana pasaría para llevarme al trabajo, hizo saber a mis padres que estaba convirtiéndome en una mujer y no le gustaría que le pasase nada. Mis padres aceptaron.

¿Dije algo a mis padres después de lo acontecido?, No, ¿Porque no?, no lo sé, vergüenza, humillación, miedo, temor… no lo sé.

Al día siguiente, como dijo mi tío vino a por mí. No tuve más remedio que subir al coche, ya que baje del apartamento junto mis padres y mi hermano que iban a la playa. No había contado nada a mis padres, así que tuve que tragar mi orgullo  y subir. No nos miramos, no nos dimos los buenos días, no hablamos. Estaba incómoda, sentía que la situación era violenta, al menos para mí. Temía de lo que mi tío podría hacer. Dentro del coche me sentía impotente, como entrar a la guarida de un oso que en cualquier momento puede atacar.

Para mi suerte, fuimos directos al trabajo. Aparco el coche, salimos, nos dirigimos al Banco, al entrar me miró, me sonrió, parecía el mismo José de siempre y me dijo “Que tengas un buen día Emmy.”.

Este día tuve más trabajo de lo normal, era normal, tenía acumulado los documentos del día anterior más los que me estaban pasando el del día de hoy. Mientras tecleaba los informes, veía a mi tío como saludaba a los clientes que entraban en su despacho, y hablaba con ellos con normalidad. Cuando salía se dirigía al cajero le daba una carpeta que seguidamente él me traía a mi diciéndome “Aquí tienes otro documento para teclear”. La verdad es que trabajar me hizo olvidad lo ocurrido.

Quedaba poco más de una hora de cerrar, mi tío hablaba por teléfono en su despacho, colgó el teléfono, se dirigió al despacho del director. Cerró las persianas.

Llego la hora de recoger, tape la máquina de escribir con su tapadora, recogí los papeles que tenía en la mesa, cerré la persiana que tenía a mi lado. Al igual que yo, todos los trabajadores hicieron lo mismo. El Banco quedo en penumbra, los cajeros y los otros consultores se despidieron de mí y empezaron a salir. Internamente me estaba debatiendo si me quedaba, para que mi tío me acercara al apartamento, o me iba a pie. Como he dicho antes, el trabajo me hizo olvidar el mal momento que pase la tarde anterior, momento que me vino como un rayo. Decidí marcharme. Tarde demasiado en dar dicha decisión. El director me freno lo pies, mientras salía de su despacho con mi tío detrás de él, ambos sonrientes.

“Emmanuelle, espera...” me dijo el director. Se acercaron, hasta ponerse a mi altura y empezó a ponerme en situación. “Emmanuelle, José, ha conseguido un contrato y necesito que redactes las condiciones del mismo… se trata de un Crédito, que vamos a conceder y necesitamos que este escrito, tanto en español como en francés…”, me quede perpleja, el director al verme me puso en situación.  “Perdón… me explico…. Se trata de un emprendedor francés que quiere abrir un crédito para poder llevar a cabo su negocio. Hemos estado negociando con él las condiciones, desde el teléfono de mi despacho, se encuentran aquí...” me da una carpeta con los documentos, ”...necesitamos que pases el informe a máquina para mañana. Al ser posible a primera hora y debe estar escrito Español y en Francés, para evitar confusiones.”

La presencia de mi tío me ponía nerviosa, solo había escuchado bla... bla... bla… así que puse una excusa para irme “Lo siento, pero mis padres me esperan en casa para comer.”

“Ya he hablado yo con tus padres...” Tomó la palabra José, después dirigiéndose al director le indicó “... Puedes irte tranquilo, Emmanuelle tendrá el contrato pasado a máquina para mañana. Además, ¿Quién mejor que ella, que es Francesa, para redactar el contrato en francés?...”

No pude encontrar ninguna excusa, así que acepte. Cogí el informe y me dirigí a la mesa para empezar a pasarlo a máquina. La voz del director me frenó nuevamente “¿No prefieres comer primero, Emmanuelle?” negué con la cabeza, él insistió “...No me gustaría que pensasen que esclavizamos a los trabajadores...”. Salimos los tres a comer.

La comida transcurrió con normalidad, a pesar de que se notaba cierta tensión entre José y yo, no podía evitar mirarlo, pero no nos hablábamos. Sin embargo José y el director se hacían bromas mutuamente, y este último me contaba como José consiguió el trabajo gracias a él. Ya que antes trabajaba en una ETT (Empresa de Trabajo Temporal) donde hacía sustituciones de cajeros.

Finalizada la comida volvimos al Banco entramos yo me senté en mi escritorio y empecé a mecanografiar el contrato.  El director se fue a su despacho y mi tío al suyo. Tras pasar media hora, vino el director y me pregunto cómo iba, le indique que ya había finalizado de mecanografiar el contrato en español y que estaba ahora traduciendo al francés. En ese mismo instante salió José de su despacho. El director se sorprendió ante su presencia “¿Qué haces aún aquí José?”, le preguntó, “Avanzando trabajo, además tengo que volver a Emmanuelle a su casa.”, el director se había olvidado que eran tío y sobrina.

Me tío se dirigió al director, “No es necesario que nos quedemos los dos, vete a casa. Yo revisare el contrato.”, el director no quería pero al final José le convenció y se fue. Tras irse José volvió al despacho, antes de cerrar la puerta me dijo: “Cuando termines tráemelo a mi despacho”. Entró cerrando la puerta y bajó las persianas.

No tarde en finalizar el informe, había cambiado algunas frases para que se entendiera mejor, ya que en francés no se escribe igual que en español. Me quede sentada con el informe en la mano. Debatiéndome en ir o no al despacho de mi tío a entregárselo. Sople y resoplé, me arme de valor, me levanté, me dirigí lenta y tímida hacía el despacho de mi tío. Me detuve en la puerta. Di unos golpes en la puerta. No hubo respuesta. Respire fondo un par de veces, no soy muy creyente pero me dije para mí misma “Que sea lo que Dios quiera” y entre.

Antes de continuar indicar que en estos años no existían cámaras de seguridad.

Abrí la puerta, la estancia estaba en penumbra, no divisé a mi tío en ningún lado, me dirigí al escritorio a dejar la carpeta con el contrato, mis ojos se adaptaron a la penumbra, dándome cuenta que en la silla había unos pantalones, me asuste. La puerta que se cerró.

Me gire, él estaba allí, bloqueaba el camino de salida del despacho, estaba totalmente desnudo, se acercaba a mí, yo andaba hacia atrás hasta chocar contra el escritorio, abrazaba el informe. Alargo su mano para acariciar mis mejillas. Temblaba. “No temas Emmy… ”, me dijo.

Le empuje para separarlo de mi, la carpeta que contenía el contrato se cayó en el suelo, las hojas se esparcieron. Corrí hacía la puerta, me cogió de la cintura por la parte de atrás. “¡Déjame!” grité. Los tacones hicieron que perdiera el equilibrio y cayera al suelo. Me arrastre por el suelo, hacía un rincón de la sala. Me acurruque, me cogí de las rodillas.

“Emmy… Emmy... Emmy...”, decía mi tío, con voz suave, mientras se acercaba a la puerta y la cerró con el pestillo, “...¿Qué has hecho?... ¿porque has tirado los papeles en el suelo?...” me preguntaba mientras volvía al escritorio y se sentaba en una de las sillas destinadas a los clientes.

Cogió su lámpara de escritorio y la enfocó hacia el rincón donde estaba yo y la encendió. Tras una larga pausa dijo, “... Emmy… no temas… no te voy a hacer daño...”. No reaccione, en mi rincón me sentía protegida, estaba en guardia, a punto para defenderse con dientes y uñas.

“Emmy… ¡levántate!... No me hagas enfadar...,” empezó a decir mi tío con una voz más seria y con tono casi de enfado, “...¡Emmy!...,” dio un golpe en la mesa. El golpe me hizo reaccionar, la luz de la lámpara no me dejaba ver a mi tío, “...¡Recoge los papeles!...”. Obedecí.

Evitando no abandonar mi rincón de seguridad, así que agachada, a cuatro patas, y sin dejar de vigilar donde suponía que estaba mi tío, recogí los papeles y los volví a poner en la carpeta. Volví a mi rincón, me incorpore.

“...Lo estás haciendo muy bien...,” volvió a decir con voz suave, “...Ahora, deja el contrato en el escritorio...”, obedecí manteniendo siempre la distancia. Tras dejar el contrato cambié mi rincón por otro que no me enfocara la luz de la lámpara. La oscuridad me ofrecía mayor protección.

“Emmy... ¿Qué haces?... ¿Porque abandonas tu sitio?...me gustaba más el otro”. No conteste, oí como una risa, que parecía más bien una carcajada maquiavélica, era una de esas risas que al escucharlas te ruboriza la piel. “¿Porque me haces esto?”, pregunté, “Porqué me gustas”, respondió, “Déjame irme, por favor, no quiero que me hagas nada…”, suplique casi llorando.

“Emmý, amor, no te voy a hacer daño… ven siéntate aquí… frente a mí…”, me dijo señalando la otra silla. Negué con la cabeza, el continuo, “Emmy, puedes hacer dos cosas… o me obedeces y todo terminara enseguida… te aseguro que lo pasarás bien… o…”, se quedó pensando.

Yo continuaba moviendo mi cabeza de un lado hacía otro, negando cualquier cosa que pudiera decir mi tío. José se levantó de la silla y empezó a andar hacía mí mientras decía, “…no obedeces… yo me enfado…”, ya estaba a mi lado, “… y…”, decía mientras me secaba con un pañuelo mis mejillas empapadas de lágrimas, “… esto se puede convertir en una pesadilla para ti…”, se volvió y se apoyó sobre el escritorio enfrente mía, “… Elige Emmy… ¿Cielo o Infierno?… ¿Divertirte o no Divertirte?... ¿De buen humor o cabreado?...”

Empecé a llorar más aún, no podía encontrar ninguna escapatoria, me abrace a mí misma, “¡Elige!”, me grito, él había abandonado su sitio, estaba frente a mí, “…El tiempo se agota…”, susurro en mis oídos, “… voy a contar hasta diez…”

“Uno…”, “¿¡Por qué me haces esto!?”, Le pregunte enojada y gritando.

“Dos...”,  “¿¡Por qué!? … ¿¡Contéstame!? ”, Volví insistiendo.

“Tres...”, Mi tío parecía no escucharme, estaba obsesionado.

“Cuatro…”, “Déjame ir”, le suplicaba.

“Cinco…”, “Déjame ir… por favor”. Nuevamente me surgían las lágrimas de los ojos.

“Seis…”, Contaba decidido.

“Siete...”, “Para, por favor…” Suplique

“Ocho...”, “Te lo suplico…”

“Nueve…”, “Llévame a casa…”

“Diez…”, “Por favor… por favor… por favor… te lo suplico… llévame a casa, no contare esto a nadie…”

“Fin, de la cuenta a tras… ya sabes que vas a escoger ¿Cielo o Infierno?”, volvió a decir mi tío, “Por favor… te lo suplico… no…” decía yo.

Mi tío me cogió del pelo estirándomelo hacía atrás, intente golpearle con mis manos,  detuvo cada uno de mis golpes. Intente defenderme con los pies, también supo detener los golpes de los pies. Con un gestó de su mano puso mi brazo en mi espada y me tiró sobre su escritorio, tirando al suelo la lámpara. Mis pechos estaban sobre el escritorio, su torso sobre mi espalda, con una mano mantenía el brazo inmovilizado, con la otra me subía el traje, mientras me besaba el cuello. Yo continuaba suplicando que me dejara, no me hacía caso. Note como con sus piernas separaban las mías.

“Por favor no… así no…”, decía entre sollozos, note como empezaba a moverse como si estuviera penetrándome, por primera vez fui consciente de que estaba totalmente desnudo. Notaba su miembro entre mis muslos, su mano intento bajar mis medías y mis braguitas. Con mi otra mano impedía que lo bajase.

El quitaba mi mano, para volver a bajarme las medias, y me volvía a separar las piernas con sus pies. No sé el motivo, quizás fueron mis palabras llenas de irá y de odió mezcladas con suplica “¡Por favor!… ¡Tío!... ¡Para!... ¡Soy tu Sobrina!… ¡Déjame irme!...”. Me soltó. Me sorprendí. Me incorporé, me puse bien la ropa, le abofetee, no se inmuto. “¿¡Por qué  me haces esto!?”, le pregunte enfadada, indignada. No recibí respuesta.

Me dirigí a la puerta, estaba cerrada, abrí el pestillo, le miré, me miró, “¿Por qué?,” pregunte nuevamente, en su rostro volvió esa sonrisa maquiavélica, “Emmy, amor, solo es un juego…”, me sorprendió la respuesta, irritada respondí, “A mí… NO… Me gustan estos juegos...”. “Emmy, hoy has hecho un buen trabajo, no hace falta que vengas a mi casa para la lección de español”, me dijo.

Algo me detuvo, quería saber el motivo del porque mi tío actuaba así conmigo estos últimos días, quería saber el porqué.

“Tú te oyes… ”, Decía desde la puerta del despacho, mi tío estaba ya vistiéndose, yo continuaba, “… Estas enfermo, después de lo que me has hecho, aún eres capaz de decirme que no vaya a tu casa… tío dime ¿Por qué?, porque me haces todo esto.”. Hubo una pausa. Se me acerco, me separe. Cerró la puerta de su despacho. Actuaba como si no estuviera. Le grite “¿¡Por qué!? … ¿¡No crees que me merezco una explicación!?”. Su risita aún estaba dibujada en su rostro, parecía como si disfrutará de la situación.

“Emmy… Emmy… Emmy…”, volvía a decir con voz dulce, “…No hagas que me arrepiente…”, abrió la primera puerta del Banco, y me ofrecía salir delante suya. Pase, manteniendo la distancia, no conocía a mí tío, no es el José que yo conozco, este nuevo José no sé cómo puede actuar.

Al pasar, me cogió de una mano con fuerza, intente liberarme, no pude, me tiró hacía el, me encontré frente a él, me besó, me separe, le escupí en la cara. “…Me das asco…”, le dije. Me fui.

Volví al apartamento me encerré en mi habitación, cerré la puerta en un portazo y me tumbe en la cama llorando, mi madre vino preocupada por mí, me pregunto qué me pasaba. Le mentí nuevamente, le dije que quería marcharme a casa que no quería quedarme más, atribuí mi malestar al trabajo, que quería dejarlo y no volver nunca más. Mi madre quería hacerme entender, que dejar el trabajo decepcionaría a tío José, ya que él había confiado en mí para realizar el trabajo. Le dije que me dejara sola. Se fue.

¿Por qué no le conté lo ocurrido?, por el mismo motivo del porque no había contado lo ocurrido en las anteriores veces.

Era la segunda noche que tenía la misma pesadilla, una pesadilla con mi tío, recuerdo muy bien dicha pesadilla, ya que fue continua durante las siguientes semanas.

Yo corro… Huyo… Escapo… Me escondo…. Pero no sé cómo, él siempre me encuentra. Forcejeamos, el resultado del forcejeo siempre es el mismo yo me quito una de mis prendas y vuelvo a escaparme.

Es como si estuviéramos jugando al escondite, o al gato y al ratón, la diferencia es que el ratón siempre soy yo. A diferencia de la vida real, en el sueño, pare que el juego me está divirtiendo, al menos al principio. Cuando menos prendas me quedan, menos gracia me hace el juego.

Una vez estoy totalmente desnuda intento esconderme nuevamente, asustada. Como siempre mi tío me encuentra, corro, huyo, mi tío me persigue en su rostro se dibuja una risa, una risa que me ruboriza.

Unos barrotes me impiden continuar huyendo, no sé cómo, pero estoy atrapada dentro de una jaula. No hay salida y mi tío se acerca… gritó, pero no tengo voz… a medida que me tío se acerca empieza a mutar, a convertirse en un gran falo… de la nada a aparecen cuatro grandes manos que cogen cada una de mis extremidades. Me ponen en posición de X.

Las manos son como cuerdas, estoy atada, intento deshacerme de ellas, soltarme, pero no puedo. Las manos me colocan en posición vertical, con las extremidades separadas.

Veo como el gran falo se acera. Noto como se introduce dentro de mí, me duele, es muy grande, deseo que pare, intento gritar, no puedo, noto como empuja, como embiste. De súbito las manos me sueltan, caigo, caigo durante un buen rato, hasta sumergirme dentro de un mar de leche.

Ahora me ahogo, nado hacía arriba, quiero subir a la superficie, me estoy quedando sin aire, oigo una voz de mi tío diciendo “Emmy, solo es un juego”, la voz, la frase, no para, se repite una y otra vez “Emmy, solo es un juego”.

Me despierto. He de poner fin a esta pesadilla.

Continuara...