Comienzos, principios, todos son lo mismo

Es una introducción, sin más pretensión que distraer con posibilidad de una continuación.Traducción: presentación de un personaje sobre el que voy a escribir historias.

Comienzos, principios, todos son lo mismo.

Esto es una introducción, ya sabéis como funciona esto; una introducción del lugar del que va a tratar la historia y una descripción de los protagonistas, todo más o menos aburrido dependiendo de quien la escriba o con que propósito, pues yo voy a empezar con los orígenes. Se que eso jode mucho, dejad de gritar ya "no, no, los orígenes no, vaya mierda de libro", eh! Un poco de respeto, es una mierda de relato, no de libro. Voy a contar como fue concebida Foll-a-Dora y a callarse todos. Muchas gracias.

Pues el rey x se acostó con su mujer y esta quedó preñada, pero no de él. Antes había tenido un encuentro con un ladronzuelo, hijo de la cocinera real, que vivía cerca. La cosa sucedió así: la reina se fue a dar un paseo con su sequito, por su bonito parque relleno de palmeras y su oasis rebosante de nenúfares. Hacía muucho calor, y solo llevaba puesto una fina tela de lino. Su piel bronceada como el carbón brillaba por el sudor, el cabello negro estaba recogido en un tocado espectacularmente complicado. Su cuerpo grácil y delicado como una bailarina se movía lentamente, pensativa. Se agachó y recorrió la mano por la arena suave y dorada. Iba descalza, notando el calorcito.

-Dejadme sola- Ordenó a sus sirvientas.

(Si, si, ya se que solo es la introducción, pero yo soy la escritora y yo decidiré si es importante dar tantos detalles, así que callad y seguid leyendo).

Las sirvientas se alejaron lentamente, poniéndose cada una detrás de una palmera. Una de ellas tuvo una pequeña sorpresa, un ladronzuelo estaba haciéndose una pajilla detrás de la palmera. Él la tomó y la hizo callar. Se asomó por detrás de la palmera y se percató de que la reina (lo supuso por la tal cantidad de sirvientas detrás de las palmeras y porque estaba en sus posesiones) se estaba desnudando. Su cuerpo era tan delgado que recordaba a los juncos, pensó que era tan delicada que un abrazo podría partirla por la mitad. Su trasero era respingón y al girarse vio que sus pequeños pechos eran la más bella cosa que había visto.

Se quitó el tocado, y un cabello rizado y espeso cayo hasta el final de su espalda. Su rostro de facciones marcadas y rasgos angulosos le daban un aire de elegancia y rectitud. Cerró los ojos y respiró el aire calido. Volvió a girarse y se agachó para extender la tela que había llevado por vestido. Al hacer esto el ladronzuelo vio sus rosadas carnosidades más íntimas. Esto fue demasiado para él. Dejó a la sirvienta y salió corriendo en busca de la reina que se había tumbado e imploraba algo en un murmullo a un dios.

Lo oyó venir y abrió los ojos:

-Quieto- ordenó.

El joven paró asombrado por la fuerza y seguridad de la voz.

-Os voy a robar lo más preciado que tenéis y no podréis impedírmelo- dio un pequeño paso usando su fuerza de voluntad.

Las sirvientas se aproximaban.

-Quietas, alejaos, dejadme sola- obedecieron al instante situándose detrás de las palmeras. El joven se arrodilló frente a ella.

-No podrás robármela ya que no la poseo, no dudo que sabes que soy la reina, y estoy casada desde hace tiempo.

-¿Entonces, porqué no habéis tenido hijos?- notó un leve fruncimiento en los labios de la reina y una mirada severa hacia él- lo lamento, no es asunto mio.

-¿Quién eres?

-Soy el hijo de la cocinera real, me buscáis por ladrón. Si me entregáis no saldré vivo.

-Ya veo, tu has robado la virginidad de más de la mitad de la corte.

-Así es señora, pero todas y todos quedaron muy satisfechos, también he robado alimentos y mercancías traídas de otros lugares lejanos- dijo enorgulleciéndose.

La reina lo observó hieráticamente, tanto que parecía una estatua. El chico era un poco más joven que ella. Tenia el cuerpo delgado, con apenas unos músculos marcados, era un cuerpo infantil, sin rastro de vello. Su piel rosada estaba oscurecida por el sol, de un tono rojizo. Su cabeza estaba pelada y su rostro de rasgos suaves y redondos era muy dulce. Su pene estaba erecto y brillante, era más grande que el de su marido y mucho más apetecible. Sus ojos verdosos miraban hacía los pechos de ella y tenía una mano levantada hacia ellos. Dejó que rozara sus oscuros pezones poniéndole la piel de gallina, siguió besándola por el cuello hasta recubrir todo su cuerpo produciéndole escalofríos muy placenteros. Y la dejó preñada de Foll-a-Dora.

Si queréis que siga contando como follaron mandad un mensaje al 555xx, si queréis nominar a la reina y el ladronzuelo no envíes mensajes.

Ahora en serio, os gustaría que hubiera seguido, ehhh. Pues no me da la gana. Usad vuestra imaginación y pensad de que maneras acabaron follando, ala. Fin de la introducción.