Camarote de primera

Una excitante fantasía en un crucero de corazones solitarios.

CAMAROTE DE PRIMERA

Delante de mi, como si fuera una gran pirámide , con la misma majestuosidad, se encontraba una gran mole flotante , sus dieciséis pisos; sus chimeneas, por las que no cesaban de emanar humos, delataban la actividad que dentro se vivía.

Como adorno, se colgaban numerosos salva vidas, tapizados en color naranja en cada planta.

Por la escalinata, no dejaban de subir y bajar gentes, acompañantes , amigos, unos con cara de alegría porque se iban y...otros con caras de envidia por quedarse en tierra.

El panorama era muy variopinto, maletas de colores , señoras con sombreros, otras con pañuelos, vestidos largos , pantalones piratas minifaldas, etc...en fin una pluralidad de modelitos, para todos los gustos.

También los hombres ponían su nota de colorido. De todas las edades, se disponían a disfrutar de esa travesía que se prometían asimismo que lo pasarían muy bien y que seguro que en este viaje..,podrían encontrar a su medía naranja, ya que se trataba de un viaje para corazones solitarios .

El denominador común era, la ilusión de dejar atrás a esa fiel y desagradable compañera, llamada soledad, que hasta esos momentos eran inseparable .

Yo acababa de llegar, un familiar me acompaño hasta el embarcadero, no era la primera vez que hacía un crucero, normalmente para mi, era la forma más confortable de viajar.

Me gustaba mucho viajar de este modo, lo encontraba muy cómodo y divertido, habida cuenta que en los días que duraba la travesía, además de poder visitar muchos lugares de las costas donde íbamos atracando, también cabía la posibilidad de conocer gente maravillosa .

Llevaba puesto, para mi llegada al barco, un vestido largo, con unos finos tirantes, abierto a los lados, estampado en colores, naranja y blanco que con mi piel muy bronceada, hacía un bonito contraste ; unas sandalias color blancas de altísimo tacón, estilizaban aun más mi silueta esbelta .Mi pelo largo rojizo, lo ataba con un pañuelo blanco de gasa, como en una cola de caballo, unas enormes gafas ribeteadas en color blanco, me daban un aspecto un poco misterioso y al mismo tiempo muy atractiva .

Llegué al salón donde nos reparten las llaves de los camarotes ; al fondo, esperando como todos que le llegara su turno, estaba él..,paciente y con cara de resignación.

Con un gesto un poco burlón, apoyado en la barandilla de la escalera que bajaba hacia los camarotes de primera clase . Sin saber el porqué y el porqué no , nos miramos con mirada de complicidad, se nos notaba que estábamos ya un poco impacientes de la espera ,por el momento, éramos dos grandes desconocidos , si siquiera presentíamos que en unos momentos, iba a cambiar nuestras vidas.

De pronto dijeron un número y ví cómo él cogía su equipaje y bajaba las escaleras; yo seguía esperando, esperé como tres minutos más y dijeron mi número, hice la misma operación y descendí por la misma escalera, que el viajero desconocido .

Me adentré en el pasillo distribuidor, era largo con olor a brea, las alfombras amortiguaban los pasos ,unas lámparas de luces tenues iban alumbrando los pasillos.

Estaba todo previsto para el confort y el descanso de los viajeros , mirando los números llegué a mi camarote, mientras que abría la puerta, y me disponía a meter mis maletas ,con un poco de dificultad, detrás de mí, oí una voz grave y varonil que me preguntó , - ¿puedo ayudarte?- volví la cabeza y allí estaba él .

Al tenerlo más cerca , pude apreciar mejor sus rasgos . Era como de unos 50 años entradas plateadas, cejas espesas ojos negros y de mirada muy profunda , de esas miradas que te sientes cohibida porque parece que penetran en lo más profundo de tu interior; pero algo tenía que me sentía atraída por él ,algo se alteró dentro de mi., su estatura casi de un metro ochenta ó algo más ,.su cuerpo atlético y bronceado me turbaba , me excitaba , era. un hombre tremendamente atractivo .

En unos de los movimientos que hicimos para meter las maletas dentro, sin intención nos rozamos las manos..., como si nos hubieran tocado un resorte , nos miramos directamente a los ojos , en este momento sentí un escalofrío desde los pies al último cabello de mi cabeza. Le di las gracias y nos despedimos.

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Llegó la hora de la cena , me vestí con un maravilloso vestido color mora-do muy escotado, calzaba una maravillosas sandalias plateadas con un tacón de vértigo ,muchos collares plateados de cadenas y mi melena suelta. Me sentía segura de mi misma , francamente atractiva. Un esplendido escote mostraba el comienzo de mis pechos muy bronceados.

La casualidad, quiso que nos hubieran asignado la misma mesa en el comedor, estábamos sentados el uno frente al otro, así podíamos hablar directamente.

Notaba que no me quitaba los ojos de encima ; es más, me devoraba con la mirada.

Me sentía nerviosa, agitada, notaba que su mirada inquietante alteraba mi ritmo cardiaco. De pronto noté por debajo de la mesa como su pié tocaba mi pierna, una sensación como de descarga, recorrió mi cuerpo, creo que mis mejillas se ruborizaron, no sé si en realidad de excitación o de pudor.

Cuando la cena hubo concluido, nos levantamos y pasamos al salón donde una música caribeña sensual y cálida sonaba, con ánimo de atraer a los pasajeros.

Sin pensarlo, me arranque a bailar sola, moviendo mis caderas llenas de voluptuosidad y cimbreando mis pechos , emitiendo mensajes al macho, le estaba envolviendo como la araña a la presa, quería tenerlo, gozarlo hacerlo mío .

Ramiro ,que así se llamaba, agarró una de mis manos y me hizo girar a los compases de la música caliente del caribe. Nos dejábamos llevar por el calor de la pasión, que esos ritmos transmiten .Poco a poco, nos fuimos alejando de la pista y nos salimos a cubierta.

Hacía una noche de luna llena ¡ esplendida¡. Su reflejo, se proyectaba sobre la cubierta del barco. Estábamos solos, la música se seguía oyendo aunque el ritmo, había cambiado... ahora era una música tranquila, para que las parejas pudieran bailar muy juntos y sentir sus cuerpos .

Nos dirigimos hacia un rincón de cubierta, donde me apoyé en la barandilla, desafiándole con mi mirada y presentándole provocativamente mis pechos, notaba la excitación de mis pezones .

Ramiro se acerco a mÍ y tomando con su mano mi barbilla, beso mis labios mirándome a los ojos me dijo -me gustan tu boca-. Sus labios eran cálidos, gruesos, sensuales, estaban húmedos y llenos de pasión.

Sus veladas caricias me excitaban. Me atrajo hacia él, abrió un poco más el escote de mi vestido y besó mi cuello...mis ojos, mis pómulos.... Rozaba suavemente mis pechos con el dorso de su mano, produciéndome deseos inconfesables.

Deslicé mi mano, con timidez, hacia su bragueta para comprobar la dureza de su miembro viril.

Ante este gesto mío , abrió su pantalón y saco su pene , cogió la mano que turbada había deslizado y la metió dentro de su calzón ;pude comprobar el calor de su junco y los latidos de este. Tomó una de mis piernas y la puso apoyada en una de sus caderas , arrancó mi tanga y metió su miembro viril, en mi reducto oscuro y profundo, húmedo y caliente.

Al sentir su calor dentro de mi, empecé a mover mi cintura, al mismo tiempo que él movía su cuerpo. Mientras nuestras bocas se unían , las salivas se mezclaban, nuestros efluvios nos invadían produciéndonos una sensación de embriaguez.

Nuestros cuerpos se retorcían de placer, de pronto...noté como las mieles del placer, se derramaban dentro de mi reducto, llenándolo de un liquido pegajoso y muy caliente...gemía, respiraba entrecortadamente me retorcía hasta llegar a sentir, un orgasmo fuerte y maravilloso.

Un susurro salió de mi garganta, no acertaba gesticular palabra ,en realidad, ni yo misma sabía lo que decía; solamente era reflejo del momento lleno de pasión y lujuria que habíamos vivido.

Como si se tratara de antiguos amantes, nos abrazamos, quedando juntos durante unos minutos, sentíamos el regusto de esos momentos que habíamos vivido y percibiendo los latidos de nuestros corazones ,nos miramos con complicidad.

Arreglamos nuestras vestimentas, nos tomamos de la mano , como si no hubiera pasado nada aparentemente; nos dirigimos de nuevo al salón para seguir bailando, Ambos habíamos caído en el juego del cazador cazado.

Habíamos encontrado la pieza que ambos vinimos buscando al crucero de los corazones solitarios, al menos teníamos garantizado disfrutar de las mieles de la pasión y de nuestros cuerpos, durante el crucero.

AUTORA :Carmen Torres.

16-5-08