Adicto al sexo (Parte trece).

Un viernes más aquí teneís parte de una de mis historias. Esta es la trece de la última que he escrito que, además, es la más larga. Espero que las personas que la lean se vayan enganchando a ella y para bien ó para mal me dejen sus comentario que, de antemano, agradezco.

Pero Angélica no tardó en sospechar y al ser una persona muy persistente y suspicaz, consiguió descubrir que estábamos manteniendo contactos a sus espaldas y con la participación activa de aquel par de golfas que estaban logrando que Aurelio empezara a recuperar la erección a cuenta de las intensas y largas felaciones que le efectuaban en las sesiones que llevábamos a cabo sin el transexual lo que ocasionó que se enterara enseguida de que, como temía, había estado dando por el culo a Aurelio y que me había acostumbrado a sacarle la minga cuándo estaba a punto de descargar para “explotar” en la boca, el coño ó el culo de una de aquellas fulanas. Enfurecido, nos llegó a atemorizar de tal forma que, poco a poco, consiguió tomar la iniciativa y se volvió muy autoritario por lo que pasé de darle por el culo a ser poseído analmente. Además de unirse a las sesiones que manteníamos los martes y jueves, nos obligaba a Aurelio y a mí a vestirnos con la ropa de las dos guarras que, lógicamente, nos quedaba corta y muy prieta para, acostados boca arriba en la cama y con las piernas dobladas sobre nosotros mismos, darnos por el culo sin tener que quitárnosla, con solo separarnos la parte textil de la braga de la raja del trasero, mientras las dos rameras, a las que obligó a participar en todas las sesiones, nos daban la espalda para que las pudiéramos sobar la seta y el culo mientras nos chupaban el nabo succionándonos la abertura con lo que, en mi caso, lograban sacarme y con algo más de celeridad, un par de polvos y una soberbia meada que siempre se producían antes de que Angélica, que cada día tardaba más en eyacular y después de echar su leche necesitaba un buen rato de reposo para volver a estar en condiciones de soltarla de nuevo, eyaculara masivamente y con todas sus ganas dentro de mi culo después de darme unos envites impresionantes durante un montón de tiempo y dejándome, a cuenta de las impresionantes dimensiones que llegaba a adquirir su miembro viril, escocido y sintiendo un buen repertorio de molestias anales.

Los meses fueron pasando y Angélica cada vez nos resultaba más borde y aparte de llamarme continuamente maricón y pervertido sabiendo que me molestaba mucho, no se cansaba de decirnos que la presencia de aquellas golfas distorsionaba por completo nuestra actividad sexual por lo que teníamos que prescindir de ellas cuanto antes. Aurelio, al que llegó a penetrar analmente a diario con intención de humillarlo y vejarlo para salirse con la suya, estaba a punto de complacerle cuándo Yolanda nos explicó que a Angélica, desde que era transexual, no le resultaba demasiado complicado lograr que las féminas se abrieran de piernas para él ya que encontraban un gran aliciente en que las jodiera. Por lo visto, se había prodigado en vestirse elegantemente para acudir a la salida de la ceremonia civil ó religiosa de las bodas y haciéndose pasar por un invitado más, enterarse del lugar y de la hora en que se iba a celebrar el banquete nupcial con intención de presentarse en el restaurante una vez que el convite había finalizado y los invitados comenzaban a estar un poco cargados de alcohol y aburridos lo que facilitaba que no le fuera difícil entablar conversación con ciertas damas. En cuanto se quedaba a solas con alguna que le agradaba buscaba un lugar discreto en el que poder tocarse mientras hablaban con intención de que el pene se le pusiera muy tieso y al no llevar ropa interior, se le marcara en la falda hasta el punto de subírsela por lo que su erección no pasaba desapercibida para sus presuntas victimas. Unas, las menos, huían despavoridas pero otras le levantaban la falda del vestido para, llenas de curiosidad, poder ver y tocar aquel descomunal “salchichón” antes de realizarle una felación y abrirse de piernas para que las penetrara y sentirse bien jodidas por un miembro viril que, a cuenta de sus dimensiones, las reventaba de gusto antes de mojarlas. Además, frecuentaba una especie de comuna a la que pertenecían dos jóvenes que acudían regularmente a su domicilio con el propósito de dar debida cuenta de su picha y de la leche que se le iba acumulando en sus huevos lo que explicaba que, cuándo nos daba por el culo a nosotros, tardara tanto tiempo en eyacular y que, al disponer del suficiente sexo hetero, pretendiera que nuestra relación se desarrollara, exclusivamente, dentro de cauces homosexuales para evitar que, en perjuicio suyo, nos llegáramos a entusiasmar con aquel par de guarras a las que estábamos dedicando más tiempo que a él.

Viendo que, a cuenta de la información que nos había facilitado Yolanda, no se iba a salir con la suya y que Aurelio, al que había convertido en un vicioso adicto a recibir por el culo, comenzaba a estar harto de él decidió iniciar nuestra actividad sexual poseyendo por el trasero, aunque nunca llegó a descargar en su interior, a Yolanda mientras Gloria se ocupaba de sobarnos a conciencia. Después las fulanas nos daban por el culo contando, para ello, con la inestimable ayuda de una braga-pene provista de un “instrumento” muy flexible pero de un grosor y largura considerable mientras Angélica nos insultaba y nos vejaba a los cuatro repitiendo hasta la saciedad que la humanidad mejoraría si los varones nos acostumbrábamos a dar y a recibir por el culo y las hembras se motivaran cada vez que las azotaran la masa glútea y se la pusieran como un tomate. Más tarde, aquellas dos cerdas nos solían forzar el orificio anal con sus puños para lograr vaciarnos el intestino y que quedáramos con el ojete escocido y tan sumamente dilatado que al transexual le resultaba sumamente fácil el poder “enjeretarnos” su pilila para, como un autentico poseso, darnos unos buenos envites con lo que, en mi caso, no dejaba de notar como sus huevos golpeaban y de una manera constante y rítmica, con los míos.

Como le costaba tanto eyacular acababa cansándose y tras extraernos la pirula bruscamente del culo, obligaba a Gloria a efectuar a Aurelio un montón de hurgamientos anales con intención de provocarle una nueva defecación mientras Yolanda me “cascaba” el pito bajo la atenta mirada de Angélica que la instaba a vaciarme los huevos de leche y la vejiga urinaria de pis con la mayor premura posible con lo que pretendía que mis descargas fueran más rápidas. En cuanto la mujer me sacaba el primer polvo, Angélica me volvía a “clavar” su polla por detrás para seguir dándome por el culo con ganas y sabiendo que no me agradaba sentir que me reventaba el trasero con aquellas exhaustivas y largas penetraciones. En esta ocasión solía haber más suerte y como pretendía “castigarme” dejándome con las ganas de recibir su leche, en cuanto notaba la proximidad de su descarga, me la sacaba de golpe y se la metía por detrás a Yolanda, que continuaba meneándomela, a la que tenía tiempo de darla varios envites y de hacerla gritar mientras la apretaba las tetas, antes de “explotar” y echarla una gran cantidad de lefa.

Mientras intentaba convencer a Aurelio de que teníamos que hacer algo para no convertirnos en unas autenticas marionetas al servicio de Angélica y seguía oponiéndome a dejar de disfrutar de los encantos y de la experiencia de Gloria y Yolanda diciéndole que, si decidía prescindir de sus servicios, no dudaría en irme con ellas ya que aquellas zorras eran el único aliciente que tenía para continuar inmerso en esa actividad homosexual, nuestras desavenencias se fueron haciendo más frecuentes y después de que lleno de rabia me llegara a enfrentar abiertamente con el transexual que se oponía a que mis descargas se produjeran dentro de la boca, la almeja ó el culo de las dos golfas, decidimos romper nuestra relación de una forma bastante “amigable”. Aurelio retiró de la prostitución a Gloria con la que empezó a vivir en su domicilio y aún siguen juntos, después de haber conseguido que el miembro viril se le volviera a poner bien tieso aunque desconozco si, con el paso del tiempo, ha logrado que llegue a eyacular y de que la fémina se comprometiera a, con la ayuda de una braga-pene, darle por el culo todos los días. Angélica decidió entrar a formar parte de la comuna a la que pertenecían las dos jóvenes que le solían visitar con asiduidad y en la que la norma principal de convivencia era que las hembras, además de darles satisfacción sexual, tenían que encargarse de mantener a los varones mientras que yo continué relacionándome en su domicilio y de una forma gratuita y regular, con Yolanda que pretendía continuar disfrutando de mi excepcional rabo, de mis gruesos huevos, de mi leche y de mi potencia sexual aunque tardé cinco meses en romper con ella ya que, aunque ninguno de los dos lo pretendía e hicimos todo lo posible por evitarlo, cada vez que me la cepillaba y sobre todo cuándo la metía la tranca por el culo, no podía evitar recordar ese periodo tan especial de mi vida, del que había acabado guardando tan mal recuerdo que me hubiera gustado poder borrarlo de mi mente, como había sido mi relación con Angélica y Aurelio.

C o n t i n u a r á